martes, 9 de febrero de 2010

Segundos fuera

Dice nuestra constitución en su título VII que "toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general"
A grandes rasgos el interés general es el bien común, es decir, las condiciones sociales que permiten a los individuos y las organizaciones alcanzar su mayor desarrollo posible, de acuerdo a sus propios patrones antropológicos y culturales.

En otro de sus títulos, se ve que los legisladores optaron por hacer compatible el bien común con el interés particular y se creó la figura de la monarquía. En realidad no se creó porque ya existía, se llamó la Corona para que sonara mejor y ni tan siquiera se guardaron las formas a la hora de incluirla en un título posterior al referenciado en el primer párrafo. Para qué.

A mi, que entiendo poco de leyes pero no me supone un esfuerzo especial llegar a razonamientos lógicos simples me escama un poco todo esto. Quiero decir,

a) ¿Cómo se entiende que si la riqueza del país está subordinada al interés general se permita a la "corona" disponer de sus propios recursos de tal forma que "el rey recibe de los Presupuestos Generales del Estado una cantidad global para el sostenimiento de su familia y casa, y distribuye libremente la misma"? Le facilitamos entre todos su propio interés particular a costa del bien general.
b) ¿Cómo se entiende que, siendo el rey el jefe de estado, su persona sea inviolable y no está sujeta a responsabilidad?
c)¿Cómo se come que siendo "todos los españoles iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social" la jefatura de estado sea hereditaria y se anteponga el sucesor masculino a la sucesora femenina en igualdad de condiciones?

Deberíamos exigir una reforma constitucional.

martes, 2 de febrero de 2010

Tecnología de los 60.

Jobs mío. Han vuelto a hacerlo!!!
Era de esperar. Todo el mundo hablaba del nuevo "gadget" de la marca de la manzana y las expectativas se han cumplido en mayor o menor medida. Es increíble cómo esta empresa se publicita a la chita callando. Y lo mejor de todo es que cada vez son más los que quieren cobijarse a la sombra del manzano.
En Asturias, que sabemos ya mucho de pumaraes, manzanes y sidra, creemos saberlo todo y nos hemos apuntado al carro del otro grande: Microsoft y su Windows Siete.
La cosa es que los de Cupertino, Santa Clara, hacen desarrollos que parecen de este siglo mientras que los de Redmon, Washington, lanzan invenciones de tiempos pretéritos.

El último invento de Apple es simplemente genial. Van a vender humo. Han cogido algo que ya existe porque ellos lo han creado (ipod Touch) y lo han pasado por la máquina de agrandar. Una vez hecho esto, que era lo fácil, queda por hacer la puesta en escena y pulir los detalles. Tienen el producto, la gente ya sabe que existe, se sospecha para que sirve y en breve mucha gente tendrá una nueva "necesidad" tecnológica. Y bajo mi punto de vista esta vez el invento va a ir dirigido a un sector de población que antes no se había tocado: los mayores. El aparato en cuestión es un ordenador sin teclado. Tiene una pantalla táctil que nos permite pulsar, seleccionar, mover pero no deja entrar a mirar sus tripas. No es un ordenador doméstico en el que tienes que saber dónde se guardan tus cosas, cómo se graba algo, cómo se hace tal o cual tarea, para qué sirve un compresor de archivos.. etc. Esta tecnología va un poco más allá por cuanto que nos limita absolutamente a lo que Apple cree que podemos necesitar. Esto es lo que hay, señores. El cacharro hace sota, caballo y rey; pero vaya cómo lo hace. Lo borda. Y punto. A la madre de muchos le importa tres cominos saber cuánto va a crecer la caché de disco, cómo configurar un ftp anónimo ni siquiera saber instalar un procesador de textos. No necesita nada de esto. Necesita hacer única y exclusivamente lo que el aparato tiene en su pantalla: enviar y recibir correos, ver las fotos de los nietos, comprar música y escucharla, películas y verlas y libros y leerlos.
Cuando la maquinaria pesada del nuevo césar que es Jobs ponga a funcionar sus arietes, sus torres de asedio, sus fortalezas y, en fin, toda su fuerza humana, será más fácil que nunca acceder a los contenidos de siempre en este aparato y todo por un coste ridículo en comparación con el que tienen sus predecesores. Un mini-pc más un libro electrónico, más una consola, más el tiempo que nos ahorramos en no aprender a hacer cosas supone bastante menos de los 600 u 800 euros que se supone costará el iPad.